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Referencias Literarias: Cartero, Charles Bukowski, 1971

El verano pasado, un buen amigo y yo leímos frenéticamente gran parte de las novelas autobiógráfica de Charles Bukowski. Yo trabajaba seis horas por la mañana y cuatro por la tarde, salía de trabajar y día sí, día no, salía a desahogarme... aunque ahogándome... Y entre tanto, leíamos. Mi compañero compraba los libros y me los pasaba. Así funcionó la cosa. Algunos fragmentos de texto que se recogen en el proyecto, en los que un personaje habla de su trabajo de oficina, no dejan de recordar a este libro en el que, desde luego con un humor insuperable, y un deje seco, solo y con hielo, el alter ego Chinaski cuenta sus peripecias como cartero durante tantos años, antes de dedicarse "seriamente" a escribir...
Os dejo un fragmento
:

Había 40 o 50 rutas diferentes, quizá más, cada caso era distinto, nunca llegabas a poder aprenderte ninguna de ellas, tenias que ordenar el correo antes de las 8 de la mañana para el reparto, y Jonstone no admitía excusas. Los auxiliares marcábamos las rutas de los paquetes de revistas, nos quedábamos sin comer y moríamos por las calles. Jonstone nos ponía a ordenar en cajas las rutas con media hora de retraso, dando vueltas en su silla, con su camisa roja. -¡Chinaski, coge la ruta 539!-. Empezábamos con media hora de retraso, pero se suponía que aun así había que ordenar y distribuir el correo a su tiempo y estar de vuelta a la hora prevista. Y una o dos veces por semana, ya bien rotos, apaleados y jodidos, teníamos los repartos nocturnos, cuyo horario era imposible, la furgoneta no podía ir tan deprisa. En la primera ronda tenías que repartir cuatro o cinco* cajas y cuando volvías ya estaban de nuevo desbordantes de correo y tú apestabas, bañado en sudor, metiéndolo todo en las sacas. No echaba polvos, pero acababa hecho polvo. Todo gracias a Jonstone.


Referencias Literarias: Solaris, Stanislav Lem, 1961


Solaris es una novela de ciencia ficción que cuenta ya con dos adaptaciones al cine, una de Andrei Tarkovsky (1972) y la más reciente de Steven Soderbergh (2002). No he visto ninguna de las dos, de hecho sólo había oido hablar de la nueva, y mi escepticismo habitual consideró un título de visionado nada urgente; me parecía algún pastiche a medio camino entre Esfera, de resultado mediocre, y Horizonte Final, que considero entretenida y con un punto más conseguido de terror. Recientemente ha llegado a mis manos la novela original (Solaris, Stanislav Lem, 1961) y la estoy devorando rápidamente, al punto de que creo que no va a pasar de dos días en mis mános. El relato comienza casi in media res y precipita de súbito al lector a la extraña gravitación del planeta que da título al libro mediante la narración en primera persona del protagonista transportado en una lanzadera hasta la estación flotante que investiga la superficie y las propiedades de la enigmática masa líquida que la abarca en casi su totalidad (uf). Se trata de una pieza de ciencia-ficción de las buenas, de las clásicas; publicada en los sesenta, y sin chirriar con paso del tiempo, envuelve al lector y plantea temas y situaciones o problemáticas eminentemente humanas, en un contexto no humano, espacial, lejano... fronterizo. Esto ocurre con la buena ciencia-ficción.
Al embarcarme en la lectura de este libro como disparado también en la lanzadera rumbo a lo desconocido, se me aclaran algunas ideas relacionadas con el proyecto:
La utilización de un género como contexto (ciencia ficción) para una historia que no gira necesariamente en torno a una trama fantástica, de aventuras o divulgación, sino de relaciones y sentimientos, y cómo esto da lugar a lenguajes, planteamienos, códigos y resoluciones, a vías de trabajo estéticas o narrativas, estructurales, al desarrollo de una singular imaginería... etc.
En Solaris, concretamente, a parte de la confrontación con lo inexplicable, lo no humano, con las limitaciones del conocimiento (temas que encuentran la hipérbole en la obra de Clarke-Kubrick, 2001, Una odisea en el espacio, 1968) y sin querer desvelar demasiado sobre el argumento, el protagonista se enfrenta a la aparición de una duplicación, un desdoblamiento de una persona que parece volver del pasado y todo esto conl leva una carga emocional, de introspección que amplia y enriquece profundamente la novela; perseguir un amor perdido en un doble de esa persona como en Vértigo(Alfred Hitchcock); el temor ante una farsa, un replicante, o dilucidar qué nos hace humanos, reflexionar sobre nuestra mortalidad y limitaciones, como en Blade Runner (Ridley Scott).
El tema del desdoblamiento, ya se ve tratado en como origen de la rebeldía y el cuestionamiento del totalitarismo junto con la reflexión sobre la libertad del ser humano en las grandes distopías : Nosotros, de Yevgeni Zamiatin (1921), Un Mundo Feliz, Aldoux Husley (1932) y 1984, de George Orwell (1949). Grandes Temas, como hemos dicho, que también se desarrollan en un tiempo y lugar concretos y necesarios para que se produzca el hecho literario o fílmico, el hecho ficcionado (cronotopo?), bajo los códigos de un género y un contexto que concretiza o materializa la obra en sí, conformando su teleología.

Referencias Literarias; The Electric Kool-Aid Acid Test, Tom Wolfe


"The Electric Kool-Aid Acid Test", título original del libro de Tom Wollfe traducido como "Ponche de Ácido Lisérgico"; un relato de los inicios del movimiento psicodélico y sus promotores, Los Alegres Bromistas (The Merry Pranksters), con el escritor Ken Kesey a la cabeza y figuras ya emblemáticas de la Beat Generatión como Neal Cassady.

Referencias Literarias: Trópico de Capricornio, Henry Miller.


Trópico de Capricorno, de Henry Miller. Uno de los últimos títulos literarios influyentes por la dureza de su contenido y estilo desbordante; la piscina de barro literária.